De no saber qué decir, de no saber cuál es la solución, lo adecuado, lo más interesante que responder. De no-saber-nada. De ir a la otra dimension de la ayuda. La ayuda que acepta el destino del otro en este momento, la relación con mi hermano en este momento. De postrarme ante tu Alma que Sí Sabe.
De la aceptación que emerge de ese perdón extraño que desvanece la ilusión de poder hacer algo por ti que no hayas hecho ya por mi. De la responsabilidad de que mi conciencia me está mostrando algo parcial sobre esta relación, de este momento con el otro que yo quiero forzar con mi protagonismo, con mi conocimiento, con lo que he aprendido: de la asunción de mi ignorancia total nace una responsabilidad completa.
Porque con mi saber quiero completar al otro, y por eso yo me separo y quedo en la carencia. La carencia que quiere hacer del otro lo que yo quisiera y ansío de mi. Por eso me recuerdo: sin intenciones ni expectativas pierdo la esperanza de ayudar al otro como si no fuera igual que yo. De mi alma a su alma puedo oir la Voz del Espiritu hablarme a través de él. Porque mi única funcion es reestablecer esa Comunicacion, y recordarle a cada uno de mis hermanos que lo verdadero valioso es saber que no somos personas con un alma, sino un alma que guía a un ser humano.
