Hazte fuerte para el amor

El amor es la fortaleza última y primera. Es el impulso milagroso con el que partimos y con el que llegamos inspirados para tomar más. La fuerza con la que afrontamos el dolor de la existencia y nos elevamos por encima de los obstáculos de la vida personal. Hay un amor para cada conciencia, porque es la conciencia de nosotros mismos con la que respondemos a todo lo que vivimos: tal como entendemos el amor reaccionamos ante la vida y nos relacionamos con los demás. ¿Con qué mesuramos todo y tomamos decisiones sino con la medida de nuestro amor? Por Él sabemos si estamos dispuestos a crecer o preferimos ser aún pequeños e indefensos. Si la ayuda que pedimos es para confirmar nuestra incapacidad o nuestra voluntad de fortalecernos con su visión. Porque nos entregamos inermes ante su Presencia para crecer en ella, o nos resistimos a ella por temor a fundirnos en su abrazo.

Si la circunstancias nos hacen decaer, si el sufrimiento de los demás nos hace doblegarnos ante nuestro propio dolor, es porque nuestro amor es tenue y endeble: no tiene consistencia para penetrar en la cara oscura de nuestra vida. Entonces, queremos evitar la situación o deseamos ayudar al otro para dejar de sentir ese dolor: la conciencia del amor aún no ha crecido suficiente para iluminar nuestro inconsciente. Muchas veces pedimos al Amor – a Dios – que nos quite los problemas, pero no es así como funciona la verdadera oración. Un rezo que pide la visión del amor nos otorga una mirada que todo lo abarca,  nos permite caminar por nuestra vida con la suficiente inspiración y devoción como para que no nos importen las circunstancias.

 Mas, para amar uno debe ser consciente del amor en sí mismo. Ese amor que te sostiene y te sustenta a pesar de tus errores y tus defectos. Un amor pleno que incluye toda tu imperfección. Un amor que te está amando ahora tal cual eres. Un amor que no viene de ti tal como te conoces, que no esperas de los demás, que no buscas en el mundo ni en las cosas que ofrece. Es un amor tan abstracto que puede tomar cualquier forma específica para ti, y así compensa todo desequilibrio. Está dispuesto a vivir siempre, a ser en todo. Y por ello puedes sentir el amor en un mundo hostil, puedes vivirlo cuando uno se está muriendo de cáncer, no te abandona  al perder a un ser querido. ¿Cómo si no podríamos ser una demostración del poder del amor en esta tierra?  El amor es, lejos de lo que solemos pensar, la fuerza para encarar cada dificultad y conflicto, cada aspecto sombrío de nuestra conciencia y del daño ocasionado por el mundo. ¿Qué es lo que diferencia una conciencia personal de una conciencia espiritual? El alcance de su amor. El amor que disponemos es la conciencia que podemos utilizar. Y al traspasar la dificultad tal como es, con nuestro amor tal como es, algo en nosotros crece y hace más fuerte y más abarcador nuestro amor por los demás y por nosotros mismos.

El verdadero amor no es una imagen romántica, ni produce esa fácil emocionalidad que sufre y llora por todo lo que pasa. Esa empatía está lejos de echar sus raíces sobre el conocimiento del amor, que va al núcleo de cada cosa, y la conoce desde adentro y confirma que cada uno dispone de la fuerza suficiente para sobrellevar la carga que arrastra. Cuando sentimos este amor raro, entonces transmitimos el valor para encarar la vida tal como es, sin la pretensión de que sea de otro modo, con la profunda aceptación que el amor acoge todo lo que experimenta. Es el amor que envuelve todo lo que toca y lo contiene dentro de sí. Y así acepta cada destino humano para que emerja el  poder de un amor impersonal en nuestro interior. Al reconocer los límites de nuestra conciencia podemos trascenderlos y aceptar un amor mayor, más fuerte. Un amor que no es de este mundo pero que regala sus frutos a la humanidad.

El amor que sentimos ahora mismo es suficiente para aceptar y abrazar nuestra propia vida, sean las circunstancias que sean. Porque si nuestra vida es el fruto de nuestra capacidad de amar, podemos amar más ahora. Ahora mismo. ¿De qué otro lugar podemos partir para crecer y madurar esta conciencia personal hasta llegar a saber del alma a la que pertenecemos?  No tenemos otro sitio por el que empezar: este el lugar perfecto para dar el próximo paso a un amor más grande.  Para reconocer un amor más fuerte. Y así aceptar el sufrimiento como un reto para crecer en el amor. Porque el amor no evita el sufrimiento: Lo disuelve.