Todas las cosas obran conjuntamente para el bien

Todas las cosas obran conjuntamente para el bien. En esto no hay excepciones, salvo a juicio del ego. El ego se mantiene extremadamente alerta con respecto a lo que permite llegar hasta la conciencia, y ésa no es la manera en que una mente equilibrada se mantiene ecuánime. El desequilibrio del ego se acentúa aún más porque mantiene su motivación principal oculta de tu conciencia, y hace que el control predomine sobre la cordura.

Un Curso de Milagros

 

Al escuchar esto y considerarlo cierto por un instante, uno comienza a sospechar que si todo obra en favor del bien es porque todo es espiritual. Que si todo es lo mismo de verdad, que si no importa algo más que otra cosa, entonces podríamos elegir con mayor libertad. Quizá sea esto lo que significa que seamos libres para realizar el amor. Quizá de cualquier modo somos libres. Al encender el fuego o no, al bendecir la mesa o no, al sentir el placer o no; al descubrir que, el sabor del vino o el de la hiel, abrazar un árbol o a un perro,  es todo lo mismo porque contiene un único significado para Dios. Ir al colegio a aprender tonterías, trabajar para comer, servir de alimento. Correr detrás del conocimiento, negar tomarlo por el dolor que causa.

Si ese fuera el caso, yo me preguntaría, así como un niño que sólo quiere entender: si todo es parte de un mismo Todo, ¿no será que esta totalidad va junta como una bandada de pájaros, hacia el mismo destino? Los que están equivocados, los que tienen siempre la razón. Los que temen y los que aman. ¡Qué gran injusticia para los que deseamos lo correcto que seamos todos uno! Que la corrección no sea un castigo. Que el bueno, el feo y el malo merezcan por igual el Cielo.

Consideremos por un momento seriamente que todo fuera espiritual. Entonces, ¿qué significaría espiritual? Que tiene un propósito unificado. Que todo lo que vive es necesitado.  Que cada cosa que existe y sucede se cubre con un inmenso manto, así como una madre alimenta y protege a sus hijos y no juzga la madurez de cada uno, la dirección hacia lo que cada uno de ellos se encamina, la altura que quiere tener o la atmósfera que respira. Si ha progresado mucho o poco. Si lo que hace está bien o mal.

Si todo obrara en favor del bien, todo sería una lección de unidad. Aunque Dios no tuviera nada que enseñarnos, todo nos llevaría a conocerlo. Cada experiencia sería una comprensión universal, como si de un holograma pudieras tomar una dosis homeopática para ver que Todo está en todas partes. Y entonces no haría falta ir tan lejos para encontrarse. Para ser el Amor.