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Llámalo por su nombre

Yo también construí mi hogar en nido extraño y también obedezco a la persistencia de la vida. Mi vida me quiere escritor y entonces escribo. No es una elección: es una íntima orden de batalla.

Llámalo por su nombre

Nuestro nombre y apellidos es una flor en la rama de un árbol milenario. Aunque el nombre con el que nos bautizan, muchas veces es el intento de resolver inconscientemente, la herida de alguien que fue excluído de algún modo en la familia. O la pretensión de proseguir y perpetuar algo de lo que los padres están orgullosos. Lo vuelven a llamar igual que un abuelo, que un hermano que murió. Otras veces es la intención de introducir un cambio en el sistema familiar poniendo un nombre raro, diferente, original. Y con ese nombre vamos a hacer un recorrido, vamos a tener que liberarnos de un condicionamiento, de reclamar nuestra identidad interdependiente. Y gracias a este nombre entrelazado a nuestros padres vamos a tener una serie de experiencias, de dones y dificultades, igual que con nuestro cuerpo, o con lo que suscita en los demás nuestra voz.

Sea como sea, nuestro nombre es un fruto que ha de caer sobre la tierra y brotar. Con ese nombre nos recordamos como hijos, como nietos, como sobrinos. Como hombres y mujeres. Nuestro nombre nos indica un camino hacia nosotros mismos a través de un linaje, tan grande y extenso como el del cualquier profeta. Con nuestro nombre nos convocamos, llamamos a todos los hombres y mujeres de la Familia a que nos empujen, con la fortaleza que extrajeron de asirse a la vida a través del hambre, de luchar en la guerra, de hacer crecer a los hijos haciéndoles comprender del amor y el dolor, de ser felices y pródigos en la casa de los ancestros.

Nuestro nombre y apellidos de padre y madre es sólo un recordatorio, pero si nos lo cambiamos por un nombre altisonante, un diminutivo, un sobrenombre o un apodo espiritual, perdemos la fuerza de la memoria vital. Porque nuestro nombre es espiritual: habla a la Tierra.

Ahora ya no queremos ser diferentes a como hemos sido hechos. Aceptamos el aprendizaje que nos ha dado nuestra familia, que se reúne con todas las familias del mundo en miles de confluencias y encrucijadas de la historia del mundo. Con nuestro nombre y apellidos nos sanamos al recordar que todos están incluídos en nosotros, los que mataron, los que murieron. Con nuestro nombre sanamos al ser nosotros mismos.

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