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Miedo al compromiso

Yo también construí mi hogar en nido extraño y también obedezco a la persistencia de la vida. Mi vida me quiere escritor y entonces escribo. No es una elección: es una íntima orden de batalla.

Miedo al compromiso

Miedo a perder al otro,

o miedo a perdernos en el otro.

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Existe la idea generalizada que algunas personas tienen miedo al compromiso, y otras no. No es cierto: el miedo a la unión es un miedo primordial. Esa memoria ancestral de haber perdido el paraíso está latente en nuestras células. Nadie se escapa del miedo al amor. La forma en que algunos nos enfrentamos a la vinculación con el otro, a la relación de pareja es diferente para cada uno, según su estructura de personalidad y el trasfondo sistémico que hay en las familias de cada uno. El compromiso, cabe decir, no es un compromiso con el otro, es un compromiso con  la relación, para usarla en una única e inequívoca dirección, la de abrirse al amor, al unísono que uno mantiene el sentido de crecimiento personal, con el respeto al orden y equilibrio que requiere el ser humano.

Sea lo que sea que haya sucedido de todos modos en nuestros recorridos vitales, tenemos una forma particular de ir hacia el otro, de reaccionar en las relaciones, debido a los propios automatismos de supervivencia psíquica y física. Cualquier forma de carácter es un modo de defensa para poder sobrevivir, debido al riesgo que tiene la existencia humana, y que experimenta en el momento que el cuerpecito de un bebé empieza a gestarse dentro del cuerpo de otro ser humano, sintiendo la falta de protección y seguridad total. La personalidad que ha venido a darse en nosotros, es una construcción que nos sirve de punto de partida para asegurarnos la autoprotección, una defensa para poder sobrevivir en este mundo, en las relaciones. No hay identidad humana que no se haya creado sin este miedo primigenio. En esta casa que somos aprenderemos a convivir con el otro, y también a mantener nuestros espacios limpios y ordenados para ser relativamente autónomos.

En esta relación, entre el anhelo por la fusión con el otro, y la necesidad de cierta independencia,  se construye un amor sano y equilibrado. Entre la Tierra y el Cielo encarnamos para ser esta representación de la unión entre   lo Femenino y lo Masculino, entre el Amor y la Libertad.

Nuestra personalidad humana tiene pues, estos dos grandes movimientos, uno que tiene una tendencia clara hacia el otro, hacia la fusión, que está marcada por una clara necesidad o reconocimiento de la relación y el vínculo. A esto se le llama en psicología una estructura primaria. Después existe la otra construcción de la personalidad: la estructura secundaria, donde la necesidad de autonomía es mayor que la de la relación; en este tipo personalidad, nos encontramos personas que tienen la inercia de ir más hacia afuera, hacia el mundo, más que a la búsqueda de la intimidad. Personas que tienen una apariencia en la forma de funcionar socialmente y en las relaciones más funcional y productiva. Aunque suele ser una independencia virtual, que no se ha construído con coherencia y solidez, porque no se han podido poner en contacto con el otro realmente, con cierta dificultad a la empatia, no han revisado su huída de la intimidad, como actitud de escape a la unión con el otro. Ha pasado por alto la necesidad del vínculo para comunicarse con las partes más profundas de su fuero interno, que evita un hondo abrazo, que permite la indefensión de la coraza de autosuficiencia, y así evitar el dolor, para no sentir el miedo de la posibilidad de perder al otro.

De este modo, la estructura primaria o la secundaria no son mejores una que la otra. Cada una debe resolver su propio tema: Una su falsa dependencia, la otra su falsa independencia. Cada personalidad, tanto la que tiene este movimiento hacia la fusión como la que tiene un impulso hacia la autonomía, deben aprender a regularse para encontrar paz consigo mismos, y equilibrio en la vinculación amorosa, sea en la amistad o en la pareja. Sin embargo, esto pasa siempre, inevitablemente, por un aprendizaje a través de la relación de nuestros iguales.

Dentro de esta estructura primaria, tenemos aún dos grandes polaridades,  el esquizoide (seguramente, un eneatipo 5 lo representaría) y el oral (el eneatipo 7 es un buen ejemplo): El primero, debido a su miedo de perder al otro, prefiere retirarse. Aunque no tiene una tendencia real a la autonomía, se aisla para no experimentar el pánico que existe en su vivencia de su necesidad del otro. Su inercia es de retirada en el momento que el amor lo hace sentir al otro más allá de sus límites de seguridad; por miedo a perderse en el otro (aunque aquí ya lo necesita, aunque no lo pueda reconocer) niega su necesidad, y prefiere el aislamiento que la compañía, como modo de supervivencia emocional.

El oral, prefiere desconectarse de su individualidad para ir hacia el otro sin reservas. Su inercia lo puede convertir en un gran demandante, o en alguien que pide dando (da para poder recibir, aunque sea reconocimiento), en una maniobra de falsa abundancia.

En esta estructura primaria, que representa la fase inicial en la que se contruye nuestra identidad, mediante nuestra vinculación con la madre, nos hace ser más comunicativos, buscamos el amor del otro, pedimos satisfacer nuestras necesidades afectivas de un modo más equilibrado o patológico, según hayamos resuelto esta primera fase oral con la madre.

Al final el miedo al compromiso, es un miedo de reunirse con uno mismo, a tomar ambas partes, al otro y a nosotros mismos, y permitir que se miren hasta que se reconcilien. Facilitar que se abracen sin perder la conciencia de la individualidad. Quien se protege demasiado para ser libre, no puede conocer el amor profundo y extenso que hay en la unanimidad de la relación. Quien se entrega demasiado para fundirse en el otro, pierde su conciencia individual, y se expone a la otra persona sin conocer sus límites, pasando por alto sus propias necesidades, dando prioridad al otro por encima de sí mismo.  Y muchas veces, anhelando y tratando a la pareja como si fuera una madre o un padre, que lo debiera proteger de su propia responsabilidad como adulto para gestionar su propia vida, y las experiencias emocionales de la relación.

La verdad es que, todos tenemos miedo al compromiso: unos tenemos miedo a perder al otro, otros a perdernos en el otro.

Una respuesta

  1. Iris dice:

    Este articulo llego a mi como la respuesta a la pregunta que hice al Universo. Aunque ya lo sabia, mi miedo a la relacion esta enmascarada con mi independencia. Tuve que leer varias veces porque no podia verme en este espejo. Gracias

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