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Refugiarse en el otro

Yo también construí mi hogar en nido extraño y también obedezco a la persistencia de la vida. Mi vida me quiere escritor y entonces escribo. No es una elección: es una íntima orden de batalla.

Refugiarse en el otro

Lo que ocurre, ocurre por amor.
Y lo que gracias al amor se mantiene
sólo el amor lo puede disolver y anular.
Sólo hay futuro para quien está en sintonía con el pasado.

Bert Hellinger

Muchos en cuanto encuentran a alguien como posible pareja le explican inmediatamente, todas sus historias de desamor, toda su experiencia dramática y fallida de relaciones rotas. Buscan de algún modo una nueva relación para deshacerse de las pasadas, para expiar sus culpas, para convertir al amante en su salvador temporal. Pero de este modo le otorgan una responsabilidad que no le corresponde: liberarle de su pasado.

Detrás de esta actitud, de esta narrativa, se esconde la intención inconsciente de querer traspasar parte de nuestro dolor: No podemos sostener la culpa de lo vivido. La responsabilidad de las experiencias, las actitudes, comportamientos, las reacciones que hemos tenido. Sin esta asunción de responsabilidad, sucederá un intercambio donde cada uno le mostrará al otro todo el daño que lleva consigo; pero en realidad no se puede mostrar a sí mismo realmente. A partir de aquí algo queda interferido en la pareja, con menos fuerza para abrirse a un futuro nuevo y conjunto.

Y así cada uno buscará refugio en el otro, victimizando aspectos de su vida, explicándonos la vida de un modo infantil. El cuento de que en cada escenario hay unos personajes malos y otros buenos. Entonces esperamos que todo lo dicho sea un aviso para que el otro no nos haga ningún daño. E incluso muchas veces algo peor: buscamos un aliado en contra de los hombres o las mujeres con quien hemos compartido una parte de nuestra vida. ¿Quién no conoce a una pareja que habla de la maldad de una anterior relación? ¡Y el otro le acompaña en su sentimiento!

De este modo no puede crecer el amor. Se vulnera un Orden: Nosotros ocupamos el espacio que dejaron para que esta relación crezca ahora, gracias a lo vivido anteriormente. Es necesario vivir el enfado y la tristeza hasta agotar la energía que nos deja estancados en ese lugar de resentimiento. De otro modo, no es probable, que le demos un lugar completo a la relación presente, donde habita la gratitud y el respeto por lo que fue, por lo que ahora ha llegado a nosotros.

Porque una relación nueva es un riesgo nuevo. Dónde todo lo experimentado se pone a prueba para recibir el Misterio de la Vida. Dónde hay que vivir de nuevo, responder a todo, de nuevo. Y eso sólo sucede si hemos aprendido de las relaciones anteriores, y podemos dejarlas libres a través de la gratitud, liberándonos de nuestros viejos resentimientos. Sin pretender cambiar nada de lo que pasó: Tomándola con las dos manos, con lo benigno y con lo que nos hizo daño. De este modo las inmensas expectativas que esta relación de pareja nos va a salvar del desengaño y el sufrimiento pasado se desvanecen. Y la esperanza del amor es real.

Y esta pareja en la que nos encontramos, crece sobre las pasadas:  no en contra de nuestras relaciones anteriores.

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2 comentarios

  1. Paloma dice:

    hola Jonas, he tenido la suerte de coincidir alguna vez en PS en Madrid contgigo, si no recuerdo mal.
    Ahora me he ido a Alicante a vivir y me gustaría saber dónde das talleres de familia y pareja y si lo haces cerca de aqui.

    Esclarecedor y verdad verdadera este artículo.

    Saludos sistémicos, Paloma

  2. Jonàs Gnana dice:

    Gracias Paloma. Me pongo en contacto contigo. Mira el calendario de mi web profesionai: http://www.pedagogiafamiliar.com/eventos

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