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Los amantes

Yo también construí mi hogar en nido extraño y también obedezco a la persistencia de la vida. Mi vida me quiere escritor y entonces escribo. No es una elección: es una íntima orden de batalla.

Los amantes

Como en todo, un amante puede ser propio de un movimiento de reconocer lo que hemos velado en relaciones donde buscamos seguridad y confort, y explorar más allá de esta zona donde los límites del miedo nos guardan lejos de la amplitud del corazón. O puede ser también, una inercia impulsada por el deseo de salir del hastío, de cierto resentimiento de una relación, por agotamiento de la monotonía. A veces, estas compensaciones tienen un precio alto, otras veces nos permiten reconciliarnos. Pero suelen ser esta segunda opción una escapatoria que no es mirada frontalmente. En el amante volvemos a buscar una seguridad inexistente, un placer negador del dolor. En este amante proyectamos un paraíso furtivo, donde la excitación inicial nos vuelve a dirigir a las misma dinámicas aprisionadoras, motivadas por el miedo a la libertad de amar sin ninguna seguridad, con una justificación oculta. Donde buscamos nuestra mayor seguridad es donde se halla el núcleo de nuestra neurosis.

Si tienes el deseo de un amante que no sea para buscar seguridad. No lo conviertas en tu novio/a. Deja que tus convicciones sobre el amor se despedacen por lo imprevisible de amar. Amar es imposible con lo que sabes del amor. El amor no es un lugar seguro: cualquier idea que tengas sobre él debe ser cuestionada en el acto de amar. El amante que encuentre tu inconsciente te mostrará lo que no sabes de este misterio, que eres tu mismo transitando paisajes que no puedes vivir más que un sólo instante.

Un amante real es un lugar que no puedes habitar, llenar de tus imágenes sobre tus relaciones pasadas. Porque una relación queda inapta para viajar por lo desonocido en cuando empezamos a hablarle de la intimidad de nuestras relaciones anteriores. Le hablamos de lo que no nos dieron para asegurarnos que nos lo darán, para evitar asumir la culpa de la relación, para transferirle parte de nuestra frustración. Queremos convertir al amante en aliado de nuestras penurias y miserias personales. Pronto él se verá forzado a hacer lo mismo, o por no poder cumplir las expectativas el deseo se irá marchitando. La atracción se desvanece cuando el otro cumple con las expectativas que tenemos para él, que son huídas de nuestra propia incapacidad para amarnos honestamente; una venganza oculta de lo que no pudimos lograr. En el peor de los casos, ambos miraremos con resentimiento las relaciones anteriores, lo cual no permitirá una aceptación sincera a lo que no ha traído hasta aqui: todo lo que hemos vivido,  todos aquellos con quienes lo hemos vivido.

Si tienes el deseo de un amante que no sea para buscar seguridad. No lo conviertas en tu posesión. Explora esta falta de control sobre los deseos del otro, sobre los propios. Indaga tus contradicciones, asiente a las del otro. Que si un día existe la posibilidad que seáis pareja, no la perdáis por dejar de mirar lo que hay oculto en vosotros, y lo halláis obviado por  deseos inmaduros de que pretender que alguien te profese amor eterno.

Si un dia tienes pareja conviértela constantemente en tu amante. Alguien que esté dispuesto a desconocerte temiendo siempre lo inesperado. Sin la falsa promesa de cumplir las expectativas del uno para el otro. Una relación de amor nunca es un paisaje conocido, es un lugar hacia donde ir sin saber cual es el destino conjunto. Si queremos ir hacia donde no sabemos hemos de ir por donde no sabemos.

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