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Ayer

Yo también construí mi hogar en nido extraño y también obedezco a la persistencia de la vida. Mi vida me quiere escritor y entonces escribo. No es una elección: es una íntima orden de batalla.

Ayer

Nadie quiere sonreír a mi alrededor. Todo el mundo en la cafetería está ocupado en posponer un asunto, en olvidar el sueño del corazón inmediato, en soterrar los planes futuros, en despedirlo todo mediante besos mejilla a mejilla.

No voy al parque a pasear. No voy al cine con un amor pasajero. No tengo ganas de comer. Aunque quisiera tener hambre, para ocuparme con el placer de llenar ese vacío cercano al sentimiento de ser deseado. No voy en bici. No tengo nubes que escuchar. No hay música, ni ruido de los niños. Siquiera un titilante mensaje en el teléfono, ni una carta de un amigo con su puño y letra. Escribo algo, sin pensar en la estética ni en la rima.

 

H

e

ba

jado

los escalones al anochecer.

La casa está ordenada. Copio y repito los mensajes a mis amantes como si cada uno fuera original, pero respetan su sueño como yo respeto este insomnio feraz. Y creo que esta soledad y esta tristeza dan una profundidad que no ofrece el placer de la compañía benevolente.

Al amanecer voy al parque a pasear. Los perros giran alegres alrededor de las fuentes. Tengo hambre. Habla la lluvia sobre las copas de los árboles. Mensajes indescifrables, ayer.

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